miércoles, junio 12, 2024
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Vida, cuarentena y familia

por; Juan Miguel Escaño
En esta situación de cuarentena se presentan nuevas situaciones que a nivel familiar y personal hay que saber afrontar. Quizás una de las cosas difíciles de este tiempo, es que no estamos acostumbrados a él. No estamos estructurados, ni preparados para estar 24/7 en casa, con nuestros hijos, nuestros hermanos, con quien elegimos para ser compañeros de camino, o con nosotros mismos. Hemos organizado nuestras vidas contando con rutinas diferentes a la que vivimos ahora, con momentos claramente diferenciados unos de otros: en la mañana hay que levantarse temprano, preparar los niños para la escuela, prepararnos para el trabajo, trabajar 8 horas, llegar a casa, ayudar con las tareas, visitar amigos y familiares, estudiar, etc. En fin, tenemos una vida estructurada, mucho o poco, en tormo a momentos, a tareas a compromisos.
Pero repentinamente nos cambia todo. Nos cambia la vida, nos cambian los ritmos, nos cambia la situación. Ya no hay que estar pendiente de salir, de qué ropa me voy a poner, que hay que lavar el uniforme por mitad de semana. Es entonces, cuando se puede convertir nuestra vida en un caos. Hagamos un ejercicio de verlo diametralmente opuesto: imaginemos que, hipotéticamente, una familia se encuentra en una situación contraria a lo que ocurre ahora. Que sus hábitos y rutinas sean en torno a su hogar. Que padres y madres no tengan que salir a trabajar, no deban preparar sus hijos para el colegio, que preocuparse por la ropa que tendrían que ponerse… que vivan en torno a sí mismos, a su propio entorno. Si repentinamente les pides, luego de unas elecciones municipales, que comiencen a mandar sus niños a la escuela, a prepararse para el trabajo, a ir a la misa, etc. su vida podría convertirse en un caos también. Podrían pensar y sentir que este nuevo ritmo va a acabar con su vida. Pensarían, ¿cómo es que la gente soporta esto?, ¿Cómo se puede estar con tan poco tiempo con la gente que uno quiere? Muchas cosas podrían pasar por su mente.
Entonces, el problema de cómo se nos puede venir todo encima, no es la situación en sí misma. Quizás tenga que ver más en cómo nos situamos ante la situación. Nos preguntamos ¿Qué podemos hacer? Es momento de reinventar nuestras vidas, el modo de ser y estar, de relacionarnos con nosotros mismos, con nuestras familias. Reinventar el ritmo de la casa, los espacios de la casa. Pensar en lo funcional, en lo práctico… reinventar la existencia, el modo de habitarnos interiormente, la manera de trascender.
Iniciemos nuevas dinámicas internas y externas; evitemos caer en la tentación de situarnos a la defensiva. De buscar resistir a la situación bajo el alegato de que esto va a pasar. Ciertamente va a pasar, no es para siempre. Así como no es para siempre la noche oscura. El punto está en que, para algunos, la noche oscura es razón para detenerse, para no seguir para esperar que pase. Y se hacen largas las horas, los minutos no pasan. Llega la desesperación. Decimos: solo quiero que pase esta pesadilla. Para otros, la noche oscura es momento de ver las estrellas, momento de orar, de encontrarse con su propia realidad, sabiendo que no es fácil estar a ciegas. Es momento de confiar, es momento de esperanza, es el momento de la caridad.
Es momento de reformar nuestra vida, las actividades, los ritmos, la idea que tenemos de las cosas. Debemos asumir nuevos modos de resolver las cosas, nuevas estructuras, replantearnos los roles de cada uno en casa, posiblemente deben cambiar. Ahora tendremos que pensarlo entre todos. Esto es posible si cambiamos nuestro enfoque. Me explico: mucha gente está viviendo este momento, atenta a lo que va a pasar, para luego reaccionar. Por ejemplo, el fin de semana se regó la fake news de que el gobierno iba a implementar toque de queda 24 horas y que había que ir al supermercado para abastecerse lo más temprano posible. La gente reaccionó y abarrotaron los establecimientos. Es momento de pasar de vivir de manera re-activa y pre-ocupada, a vivir en proactividad y prospectiva. Esto requiere de detenernos en medio del camino.
Para esta nueva manera de situarnos, me parece interesante que hagamos un ejercicio personal y familiarmente. Este ejercicio parte de lo que he aprendido de los Jesuitas, como aporte a la formación de hombres y mujeres para los demás, en los casi 500 años que tienen de experiencia educativa. La Pedagogía Ignaciana nos inspira a siempre parir del contexto, provocar una experiencia que nos lleva a reflexionar y luego mueve a una acción transformadora del contexto. Examinar cada uno de estos elementos, desarrollando una evaluación constantemente buscando un aprendizaje, que le queda a la persona para enfrentar futuras situaciones.
1. Lo primero es poder hacernos conscientes del nuevo contexto que estamos viviendo: el contexto personal, familiar, social, mundial. Esto es fundamental, es bueno que lo podamos describir con sinceridad. Saber dónde estamos.
2. Luego, a partir de ahí, ver qué tipo de experiencia estamos viviendo. Cómo estamos viviendo este nuevo contexto. También reflexionar sobre qué experiencias queremos, tanto para nosotros mismos y los nuestros.
3. Con estos dos primeros elementos, dedicar tiempo reflexionar. Analizar qué me pide esta realidad que estoy viviendo, lo que puedo hacer para cambiar el contexto o la manera de situarme en el contexto. A qué cosas debo prestar atención. Cómo tenemos que organizarnos.
4. Finalmente, puesta en marcha y evaluación. Esta es una tarea de todos en la casa. Así como debemos hacernos consientes todos del contexto y cada quien, aportando a la reflexión, es importante el compromiso y la colaboración de todos, para que juntos construyamos nuevas experiencias en familia. Esto, hay que ir evaluándolo y mejorándolo cotidianamente.
Ante esta idea podríamos preguntarnos ¿con qué tiempo contamos, si ya al final del día nos acostamos casi en automático? Es como si estuviéramos en un campamento. Recuerdo que cuando se organiza un campamento, se planifica lo mejor posible. Pero, aun así, todos los días el equipo saca un rato para sentarse a evaluar el día y a planear el siguiente. A veces sin fuerza y con el cansancio de toda la faena. De todas formas, sacamos el rato, porque en eso está la clave para el buen vivir del día siguiente. Aun contra las propias fuerzas, hay que ir haciendo el hábito de sacar, aunque sea 10 minutos al día, para dar gracias, evaluar y organizar el siguiente.
Las parejas necesitan evaluar el día juntos, planificar el siguiente, compartir cómo se sienten, volver a soñar… No es fácil comenzar. Sin duda hay que hacer el esfuerzo. También reunirse con los hijos, de manera individual con los más grandes, en familia… involucrarlos, hacerlos parte del proceso (cada uno en su nivel, claro). No podemos hacerlo solos. Necesitamos la compañía de las personas que amamos, los que están más cerca (no solo físicamente). Las personas necesitamos sacar tiempo para dialogar, para llorar, para reír, para estar juntos… puede ser con un vinito o con un jugo, un vaso de agua…. no importa. Reitero, es importante que en este proceso no estemos solos, que no renunciemos a los sueños, no nos dejemos arropar por el día a día… No es fácil lograrlo, pero lo necesitamos.
Para quienes somos creyentes, es importante sacar tiempo para ver cómo Dios está presente en esta realidad nueva, pedirle fuerzas, ánimo, generosidad, entrega. Que no nos deje perder la esperanza… no la espera, sino la esperanza. El que espera se puede desesperar, el que tiene esperanza no. Se trata de poder vivir esta experiencia, que no la hemos buscado, pero nos llegó. Vivirla en todo el sentido de la palabra y en todo el sentido de La Palabra (“La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros”). Como cristianos vivimos de la Fe: creemos en Dios, confiamos el Él, sabemos que está ahí. Aun cuando no lo vemos. Vivimos de la esperanza: Dios siempre nos da su amor y su gracia, aun en medio de las mayores adversidades, Dios vendrá a nuestras vidas y su oficio es consolar. Vivimos de la Caridad: (no de la limosna), la caridad cristiana es el amor que mueve la vida. Es por eso que queremos en todo amar y servir. Que el Señor nos ayude cada día a ser mejores personas.

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