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El llamado del ayer

Por Francisco Manuel Ortega.

El llamado del ayer

Hoy retomo un escrito de hace años…

y con él, retomo también una parte de mí.

Hay nostalgias que no envejecen, que no se archivan, que no se olvidan…

simplemente se quedan viviendo en silencio dentro del alma.

Esa sensación extraña que aparece sin aviso, cuando un recuerdo toca la puerta, cuando una imagen regresa sin permiso,

cuando el corazón decide viajar,

aunque el cuerpo se quede.

Es el terruño llamando…

el mismo que nos vio nacer,

que nos enseñó a caminar,

a caer,

a querer…

y a soñar por primera vez.

A veces vuelve en forma de sueño,

en lo onírico, como si la memoria encontrara su propio camino

para no dejar morir lo que fuimos.

Y entonces caminamos otra vez esas calles, sentimos el polvo bajo los pies,

escuchamos voces que ya no están… pero que siguen siendo nuestras.

No es solo recordar…es volver a vivir.

Uno nunca se va del todo de donde nació, aunque la vida nos lleve lejos,

aunque el tiempo cambie los paisajes, aunque el mundo nos transforme.

Hay un lugar que sigue intacto… y no está en el mapa, está en nosotros.

Y hoy… esa nostalgia volvió a visitarme.

No para entristecerme, sino para recordarme de dónde vengo.

Mi pueblo de ayer… sigue viviendo en mí.

…………………

Cuando en mis sueños vuelva a ti.

No quiero encontrar semáforos  ni asfalto ostentoso, quiero sus calles  de ayer con olor a tierra  con calor  de ti.

No  quiero .luces  de led ni de neón,  quiero el farol aquel que me guiaba  cada  noche  y me recordaba que al oscurecer me esperaba la esquina del barrio para relatarnos las vivencias y  la satisfacción  del amor  aquel.

No quiero  el Dvd  ni el CD , tampoco el DJ que   dirige hoy día  la fiesta  casera , quiero la radiola  , la consola  o el pico’, o en su  defecto  escuchar la vellonera  del bar que me decía   en T4…. “FATALIDAD AMOR  SUFRI TAN DE REPENTE  HASTA  CUANDO  TRAE CON ELLA UNA ESPERANZA ES UNA FATALIDAD”

No quiero  los grandes autobuses, ni los  maravillosos autos o jeppetas de hoy día, quiero ver  El Opel  de Don Alfonso  o la chevrolet de  don Antonio, la carreta de Sijo y la expresión de Don Pedrito Canaan “cariño pa’que dinero es mejor”…. que al fin de cuenta  a muchos le resulto.

No quisiera verte  con grandes mentiras  y con sueños  truncados  diría yo que quisiera verte  con románticos políticos  que creyeron en Luperon  en Manolo o quizás en  el coronel.

Tampoco quisiera  verte  con  Café’s  y Pub Bar  quisiera la vieja  Boite La fábrica  o el viejo almendrón  el Salmeiga querido o la  noche cayendo en el borde de mi parque querido  y si  sábado fuese  sentir la retreta que música brindo’  a mi alma  pequeña .

Quisiera  volver   y  sentir el respeto  por el sudor, ver la mujer laboriosa que de sol a sol  pujaba en sus calles polvorientas para  dar educación a sus hijos.    No quiero ver  un pueblo pedir  porque  el olvido llego.

Mis gente querida,  mis amigos del alma , calles queridas  mis calles de ayer

Quiero volver y sentir tu fragancia muchacha de pueblo amor que no fue.

No quiero volver y encontrar que se han ido mis sueños de niño  mis ilusiones de ayer…… quiero volver a ti  y refrescar de nuevo lo que en ti viví  ……………Hoy tengo nostalgias de ti………SALCEDO DEL ALMA…. MI PUEBLO DE AYER

Framaol/abril/2011

El ayer de mi pueblo no vive en el tiempo…

vive en el alma.

No era perfecto, pero era verdadero.

Las calles no tenían asfalto brillante,

pero tenían historias…

de pasos descalzos, de sueños sencillos,

de gente que no tenía mucho,

pero lo daba todo.

El ayer olía a tierra mojada,

a café recién colado,

a sudor honrado…

y a esperanza, esa que no hacía ruido,

pero nunca faltaba.

Era el tiempo donde la luz no venía del neón,

sino del farol…

y de la mirada limpia de la gente.

Donde una esquina valía más que cualquier pantalla,

porque allí se compartía la vida sin filtros,

sin prisa,

sin máscaras.

El ayer de mi pueblo tenía nombre y apellido:

era la señora que luchaba por sus hijos,

el hombre que trabajaba sin quejarse,

el amigo que nunca fallaba,

el amor que no necesitaba promesas para ser eterno.

Hoy el progreso ha cambiado las formas…

pero ojalá no nos robe el fondo.

Un pueblo no se mide por sus luces,

ni por sus edificios,

sino por la dignidad de su gente

y la verdad de su historia.

Y yo…

no quiero quedarme viviendo en el ayer,

pero tampoco quiero olvidarlo.

Porque en ese ayer

fui quien soy hoy.

Y en ese ayer…

todavía vive mi pueblo.

Gracias Salcedo del alma

Francisco Manuel Ortega

Pachin o Pachincito Ortega

Luis Rodriguez
Luis Rodriguezhttps://explorandohm.com
Luis Rodríguez Fotografía, El poeta del lente. Cada momento, cada espacio, cada imagen es una razón para no olvidar
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